´Tras las huellas del Nazareno"
https://www.youtube.com/playlist?list=PLy-IF8zRV7zj9dxZX_ilbrfZofDAVw0Nx
En Camino ConTigo
Frases Inspiradoras:
Viaja hacia la pascua: https://www.youtube.com/watch?v=f3mp0oCXN0Q
Viacrucis: https://www.youtube.com/watch?v=8NsF5LZHdSg
Último día: https://www.youtube.com/watch?v=_pP2Ev9vX2Y
Canciones Último día:
Otras:
DOMINGO 5º
Imagen 1
Imagen 2
Imagen 3
https://rezandovoy.org/reproductor/infantil/1567
Jn 11, 1-45
Las hermanas Marta y María mandaron recado a Jesús, diciendo: “Señor, tu amigo está enfermo”.
Jesús, al oírlo, dijo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.
Sólo entonces dijo a sus discípulos: “Vamos otra vez a Judea”.
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.
Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?”
Ella le contestó: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.
Jesús, sollozó y, muy conmovido, preguntó: “¿Donde lo habéis enterrado?” Le contestaron: “Señor, ven a verlo”. Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: “¡Cómo lo quería!”
Pero algunos dijeron: “Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?” Jesús, sollozando de nuevo, llegó al sepulcro.
Era una cavidad cubierta con una losa. Jesús dijo: “Quitad la losa”. Marta, la hermana del muerto, le dijo: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”.
Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?”
Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”.
Y dicho esto, gritó con voz potente: “Lázaro, ven afuera”.
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo: “Desatadlo y dejadlo andar”.
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Las hermanas Marta y María mandaron recado a Jesús, diciendo: “Señor, tu amigo está enfermo”.
Jesús, al oírlo, dijo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.
Sólo entonces dijo a sus discípulos: “Vamos otra vez a Judea”.
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.
Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?”
Ella le contestó: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.
Jesús, sollozó y, muy conmovido, preguntó: “¿Donde lo habéis enterrado?” Le contestaron: “Señor, ven a verlo”. Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: “¡Cómo lo quería!”
Pero algunos dijeron: “Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?” Jesús, sollozando de nuevo, llegó al sepulcro.
Era una cavidad cubierta con una losa. Jesús dijo: “Quitad la losa”. Marta, la hermana del muerto, le dijo: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”.
Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?”
Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”.
Y dicho esto, gritó con voz potente: “Lázaro, ven afuera”.
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo: “Desatadlo y dejadlo andar”.
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Reflexión del Padre Jorge (Papa Francisco):
El Evangelio de este quinto domingo de Cuaresma nos narra la resurrección de Lázaro. Es el culmen de los “signos” prodigiosos realizados por Jesús: es un gesto demasiado grande, demasiado claramente divino para ser tolerado por los sumos sacerdotes, los cuales, cuando supieron del hecho, tomaron la decisión de matar a Jesús (Jn 11,53).
Lázaro había muerto desde hacía ya tres días cuando llegó Jesús, y a las hermanas Marta y María, Él les dijo las palabras que se imprimieron para siempre en la memoria de la comunidad cristiana, dice así Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. (Jn 11,25). Sobre esta la Palabra del Señor nosotros creemos que la vida de quién cree en Jesús y sigue su mandamiento, después de la muerte será transformada en una vida nueva, plena e inmortal. Como Jesús ha resucitado con su propio cuerpo, pero no ha vuelto a la vida terrena, así nosotros resucitaremos con nuestros cuerpos que serán transfigurados en cuerpos gloriosos. Él nos espera junto al Padre, y la fuerza del Espíritu Santo, que lo ha resucitado a Él, resucitará también a quién está unido a Él.
Frente a la tumba sellada del amigo Lázaro, Jesús “gritó con gran voz: ‘¡Lázaro, salí afuera! El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto con un sudario. (vv. 43-44). Este grito perentorio está dirigido a cada hombre, porque todos estamos marcados por la muerte, todos nosotros; es la voz de Aquel que es el dueño de la vida y quiere que todos “la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Cristo no se resigna a los sepulcros que nos hemos construido con nuestras elecciones de mal y de muerte, con nuestros errores, con nuestros pecados. ¡Él no se resigna a esto! Él nos invita, casi nos ordena, que salgamos de la tumba en la cual nuestros pecados nos han hundido. Nos llama insistentemente a salir de la oscuridad de la prisión en la que estamos encerrados, conformándonos con una vida falsa, egoísta, mediocre. “¡Salí afuera”!, nos dice. “¡Salí afuera”! Es una bella invitación a la verdadera libertad. Dejémonos aferrar por estas palabras que Jesús hoy repite a cada uno de nosotros. Una invitación a dejarnos liberar de las “vendas”, de las “vendas del orgullo. Porque el orgullo nos hace esclavos, esclavos de nosotros mismos, esclavos de tantos ídolos, de tantas cosas. Nuestra resurrección comienza desde aquí: cuando decidimos obedecer a esta orden de Jesús saliendo a la luz, a la vida; cuando de nuestro rostro caen las máscaras - tantas veces nosotros estamos enmascarados por el pecado, ¡las máscaras deben caer! - y nosotros encontramos el coraje de nuestro rostro original, creado a imagen y semejanza de Dios.
El gesto de Jesús que resucita a Lázaro muestra hasta dónde puede llegar la fuerza de la Gracia de Dios, y por lo tanto, donde puede llegar nuestra conversión, nuestro cambio. Pero escuchen bien: ¡no hay ningún límite a la misericordia divina ofrecida a todos! ¡No hay ningún límite a la misericordia divina ofrecida a todos! Acuérdense bien esta frase. Y podemos decirla todos juntos: ¡No hay ningún límite a la misericordia divina ofrecida a todos! Digámosla juntos: ¡No hay ningún límite a la misericordia divina ofrecida a todos! El Señor está siempre listo para levantar la piedra tumbal de nuestros pecados, que nos separa de Él, luz de los vivientes.
Domingo 4º
"A VECES NO HAY MÁS CIEGO
QUE EL QUE NO QUIERE VER"
|
|
|
![]() |
|
![]() |
|
Construye una historia con las siguientes imágenes :
|
|
Lectura del evangelio según san Juan 9,1.6-9.13-17.34-38
https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/26-3-2017/lecturas/
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?»
Unos decían: «El mismo.»
Otros decían: «No es él, pero se le parece.»
Él respondía: «Soy yo.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó: «Que es un profeta.»
Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.
Reflexión introductoria:
"A VECES NO HAY MÁS CIEGO
QUE EL QUE NO QUIERE VER"
Como Bartimeo a veces soy un ciego, me falta la luz para hacer las cosas bien y por eso a menudo tropiezo dos veces con la misma piedra. El egoísmo cierra mis ojos, me paraliza. Por eso yo también espero confiando en Tí: Señor, ¡ten amor por mí! ¡Padre mío, ayúdame a orientar mi mirada al Amor! ¡Haz que me aleje de mi indiferencia y comodidad movido por el amor, la esperanza y la fe!
Petición de esperanza:
Ojala pensar en los que haría Jesús pueda "ayudarme a ver" la realidad con nuevos ojos y evitar todo lo que me impide tener sensibilidad hacia la realidad que a veces ignoro.
Meditación del Santo Padre Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy nos presenta el episodio del hombre ciego de nacimiento, a quien Jesús le da la vista. El largo relato inicia con un ciego que comienza a ver y concluye —es curioso esto— con presuntos videntes que siguen siendo ciegos en el alma. El milagro lo narra Juan en apenas dos versículos, porque el evangelista quiere atraer la atención no sobre el milagro en sí, sino sobre lo que sucede después, sobre las discusiones que suscita. Incluso sobre las habladurías, muchas veces una obra buena, una obra de caridad suscita críticas y discusiones, porque hay quienes no quieren ver la verdad. El evangelista Juan quiere atraer la atención sobre esto que ocurre incluso en nuestros días cuando se realiza una obra buena. Al ciego curado lo interroga primero la multitud asombrada —han visto el milagro y lo interrogan—, luego los doctores de la ley; e interrogan también a sus padres. Al final, el ciego curado se acerca a la fe, y esta es la gracia más grande que le da Jesús: no sólo ver, sino conocerlo a Él, verlo a Él como «la luz del mundo» (Jn 9, 5).
Mientras que el ciego se acerca gradualmente a la luz, los doctores de la ley, al contrario, se hunden cada vez más en su ceguera interior. Cerrados en su presunción, creen tener ya la luz; por ello no se abren a la verdad de Jesús. Hacen todo lo posible por negar la evidencia, ponen en duda la identidad del hombre curado; luego niegan la acción de Dios en la curación, tomando como excusa que Dios no obra en día de sábado; llegan incluso a dudar de que ese hombre haya nacido ciego. Su cerrazón a la luz llega a ser agresiva y desemboca en la expulsión del templo del hombre curado.
El camino del ciego, en cambio, es un itinerario en etapas, que parte del conocimiento del nombre de Jesús. No conoce nada más sobre Él; en efecto dice: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos» (v. 11). Tras las insistentes preguntas de los doctores de la ley, lo considera en un primer momento un profeta (v. 17) y luego un hombre cercano a Dios (v. 31). Después que fue alejado del templo, excluido de la sociedad, Jesús lo encuentra de nuevo y le «abre los ojos» por segunda vez, revelándole la propia identidad: «Yo soy el Mesías», así le dice. A este punto el que había sido ciego exclamó: «Creo, Señor» (v. 38), y se postró ante Jesús. Este es un pasaje del Evangelio que hace ver el drama de la ceguera interior de mucha gente, también la nuestra porque nosotros algunas veces tenemos momentos de ceguera interior.
Nuestra vida, algunas veces, es semejante a la del ciego que se abrió a la luz, que se abrió a Dios, que se abrió a su gracia. A veces, lamentablemente, es un poco como la de los doctores de la ley: desde lo alto de nuestro orgullo juzgamos a los demás, incluso al Señor. Hoy, somos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para dar fruto en nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son cristianos; todos nosotros somos cristianos, pero todos nosotros, todos, algunas veces tenemos comportamientos no cristianos, comportamientos que son pecados. Debemos arrepentirnos de esto, eliminar estos comportamientos para caminar con decisión por el camino de la santidad, que tiene su origen en el Bautismo. También nosotros, en efecto, hemos sido «iluminados» por Cristo en el Bautismo, a fin de que, como nos recuerda san Pablo, podamos comportarnos como «hijos de la luz» (Ef 5, 9), con humildad, paciencia, misericordia. Estos doctores de la ley no tenían ni humildad ni paciencia ni misericordia.
Os sugiero que hoy, cuando volváis a casa, toméis el Evangelio de Juan y leáis este pasaje del capítulo 9. Os hará bien, porque así veréis esta senda de la ceguera hacia la luz y la otra senda nociva hacia una ceguera más profunda. Preguntémonos: ¿cómo está nuestro corazón? ¿Tengo un corazón abierto o un corazón cerrado? ¿Abierto o cerrado hacia Dios? ¿Abierto o cerrado hacia el prójimo? Siempre tenemos en nosotros alguna cerrazón que nace del pecado, de las equivocaciones, de los errores. No debemos tener miedo. Abrámonos a la luz del Señor, Él nos espera siempre para hacer que veamos mejor, para darnos más luz, para perdonarnos. ¡No olvidemos esto! A la Virgen María confiamos el camino cuaresmal, para que también nosotros, como el ciego curado, con la gracia de Cristo podamos «salir a la luz», ir más adelante hacia la luz y renacer a una vida nueva.
Padre Jorge (Papa Francisco)
Propósito General:
Valorar la participación en familia con nuestros seres queridos en los momentos del desayuno, comida o cena, como uno de los momentos más importante del día para preocuparnos y encontrarnos con los demás, apartándonos de las distracciones que nos proporciona la televisión o el móvil.
Diálogo interior:
Nada pudo apartar a Bartimeo de su deseo de acercarse al Señor. Ni el qué dirán ni el hecho de que lo que pedía era algo humanamente imposible de lograr. Ojala el Señor me permita que pueda tener ese tranquilidad, esa seguridad. Quizá pueda tener la esperanza de vivir con la inquietud, con la sed, con el ansia de participar en las reuniones familiares, porque la posibilidad de encuentro con el otro, a veces no es algo que yo pueda conseguir, por más empeño que ponga, si los demás no colaboran. Los cambios que voy realizando en mi corazón son un regalo, un don que debo tratar de lograr humilde y constantemente, y me anima a hacerlo el ir logrando pequeños objetivos cada día..

¿Quién era San Patricio?
Domingo 3º
Evangelio de Juan 4,5-42
Imagen 1
|
Imagen 2
|
Imagen 3
|
![]() | ![]() | ![]() |
En aquel tiempo Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.
Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber».
La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?».
Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva».
«Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?, ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?».
Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna».
«Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla».
La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar».
Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».
La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo».
Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo».
Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra.
Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo».
Reflexión 1 sobre el evangelio:
La capacidad de autocrítica,
basada en un conocimiento amplio de si mismo y del otro, permite un
dialogo misionero, tal como lo hiciera Cristo con la samaritana.
En
Jesucristo se facilitan los encuentros en igualdad y libertad. Cruzando
este puente se facilita también mantener la propia identidad, es más,
profundizarla y crear una comunicación transparente con diálogos
abiertos, que significa estar en medio de las distintos esquemas mentales de cada uno sin poner un absoluto entre ellos. Jesús nos muestra una posición abierta dispuesta a buscar lo común, comunicándose personalmente con el otro. Nos llama para un aprendizaje mutuo sin imponer ni perder, sino siempre ganar. ¿Cuánto de esto aplicamos a nuestra vida?
Esto
es valioso en nuestros tiempos que vivimos. Nada y nadie es constante
y, permanentemente, nos vemos obligado a cruzar fronteras de la misma
forma que Cristo con la Samaritana. Ante esta realidad Jesús nos da un
ejemplo para evitar los extremos de la pérdida de nuestra posición o el
cerrarse en ella obcecadamente. No se trata de uniformar sino de unirse manteniendo identidad en unidad entendiendo que el Espíritu Santo está en medio de todo.
Creemos y pensamos y, como siempre, podemos admitir que Cristo rompe nuestros
esquemas una vez más. Priorizando lo personal a lo masivo, aceptando la
igualdad y recibiendo del otro, tener visión autocrítica. ¡Algo
diferente a lo que se ve hoy! ¿Qué hacer, entonces, ante esto?
¿Quedarnos quietos, porque “así es la realidad y nunca va a cambiar”? ¿O
acercarnos al modelo de Cristo y cumplir nuestros compromisos y ayunos en este tiempo de cambio?
Reflexión 2 sobre el evangelio:
Estamos en la 3ª semana de Cuaresma y la Liturgia nos invita a
reflexionar la sed que todos tenemos de afecto, de amistad, de respeto,
de cosas materiales, de dignidad y de Dios.
El evangelista Juan (4,5-42) relata que Jesús pidió agua a la
Samaritana. Una mujer que parecía no tener nada que dar de sí, debido a
su cansancio de tanto buscar y nada encontrar, se encontró con alguien
que la trató con respeto, ternura y verdad. Y la que se creía incapaz de
dar se sintió descolocada e invitada a replantear sus tristezas, sus
rabias y sus miedos. La invitó a hacer un camino nuevo.
Lo que comenzó como un encuentro fortuito entre Jesús y la Samaritana
dio paso a un diálogo cargado de crudeza y autenticidad sobre la
realidad de la Samaritana. Y una vez abierta la herida de una vida
golpeada, indefensa y rota, comenzó a cicatrizar con el ungüento de la
ternura, la libertad y la dignidad.
Las personas no podemos dejar de atender la necesidad que tenemos de
saciar la sed de respeto, valoración y vida digna. Ahora bien, saciar
esta sed en cualquier pozo o a cualquier costo profundiza la sed,
incluso, hasta puede convertir la propia vida en cisterna agrietada
donde aumenta el vacío y la desesperanza.
Muchos hombres y mujeres han descubierto, en diversas circunstancias
de su vida, que la sed de humanidad ha mantenido viva en ellos la chispa
de esperanza. La fuerza de esta sed va empujando más allá de los muros
de sí mismo y más allá de la desesperanza. Porque en la misma sed late
la vida, late una búsqueda que va a tientas y que nos hace clamar: “Nos
hiciste para ti y nuestro corazón andará inquieto hasta que descanse en
tí” (San Agustín I.1).
También hay personas que no quieren comenzar de nuevo. Se empecinan
en unas búsquedas, caminos o convicciones que sólo son excusas para no
cambiar. Entonces construyen fantásticos mundos a fuerza de mentiras,
engaños, manipulación. Y es aquí donde hace nido el temor, las rabias,
la violencia y hasta la perversidad.
El encuentro crudo pero real de la Samaritana con Jesús dejó al
descubierto lo peor de ella misma y, al mismo tiempo, lo mejor: su
posibilidad de cambiar. Para ello tuvo que dejar salir sus emociones
primarias como el resentimiento, la desconfianza, el miedo. La
Samaritana miró de frente su realidad y la realidad del mundo. Entonces
pudo dialogar consigo misma, con Dios y con los demás.
La mujer quedó libre de lo que la ataba a su pasado, o la exponía en
su presente, o la desquiciaba hacia el futuro, más aún, se convirtió en
mensajera del amor, la esperanza y el perdón. Y es que Dios no quiere un
encuentro de inferiores, al contrario, nos quiere grandes, buenos,
sanados y sanadores. Él quiere un diálogo que nos haga pasar de muerte a
vida, de miseria a plenitud, de opresión a libertad.
Que el encuentro con Jesús, así como lo experimentó la Samaritana, nos ponga de frente con la realidad, no para quedar paralizados, sino para que conjuntemos convicción y humildad, rectitud y calidez, fortaleza y bondad, y así nos dispongamos a cambiar de verdad.
Que el encuentro con Jesús, así como lo experimentó la Samaritana, nos ponga de frente con la realidad, no para quedar paralizados, sino para que conjuntemos convicción y humildad, rectitud y calidez, fortaleza y bondad, y así nos dispongamos a cambiar de verdad.
Domingo 2º
Mateo 17:1-9 Nueva Versión Internacional (NVI)
La transfiguración
17 Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago (Jacobo) y a Juan, el hermano de Santiago (Jacobo), y los llevó aparte, a una montaña alta.
2 Allí se transfiguró en presencia de ellos; su rostro resplandeció como el sol, y su ropa se volvió blanca como la luz.
3 En esto, se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús.
4 Pedro le dijo a Jesús:
―Señor, ¡qué bueno sería que nos quedemos aquí! Si quieres, levantaré tres albergues: uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías.
5 Mientras estaba aún hablando, apareció una nube luminosa que los envolvió, de la cual salió una voz que dijo: «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo!»
6 Al oír esto, los discípulos se postraron sobre su rostro, aterrorizados.
7 Pero Jesús se acercó a ellos y los tocó.
―Levántense —les dijo—. No tengan miedo.
8 Cuando alzaron la vista, no vieron a nadie más que a Jesús.
9 Mientras bajaban de la montaña, Jesús les encargó:
―No le cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del hombre resucite.
Domingo 1º
Imagen 1
|
Imagen 2
|
Imagen 3
|
Mateo 4:1-11Reina-Valera 1960 (RVR1960)
Tentación de Jesús (Mc. 1.12-13; Lc. 4.1-13)
4 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.
2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,
6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:
A sus ángeles mandará acerca de ti, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra.
7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,
9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.
11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.No tengas miedo
El amor venció al mundo
http://www.diocesismalaga.es/pagina-de-inicio/2014047063/aqui-tienes-los-dibujos-de-fano-para-la-cuaresma-2017/
´Tras las huellas del Nazareno"
https://www.youtube.com/playlist?list=PLy-IF8zRV7zj9dxZX_ilbrfZofDAVw0Nx
En Camino ConTigo
Frases Inspiradoras:





















No hay comentarios:
Publicar un comentario